Educar y Disciplinar
 



Queridas compañeras de ministerio:
 
Hoy, con la dirección de Dios, repasaremos el método de disciplina que propone la señora White, en el libro La Conducción del Niño, pág. 207 en adelante (Sección X, La disciplina y su administración):
- "Es obra de los padres restringir, guiar y controlar. No pueden cometer un mal peor que permitir que sus hijos satisfagan todos sus deseos y fantasías pueriles, y dejarlos que sigan sus propias inclinaciones; no les pueden hacer un mal peor que dejar en su mente la impresión que deben vivir para agradarse a sí mismos y divertirse, para seguir sus propias inclinaciones y buscar sus propios placeres y compañías. . . . Los jóvenes necesitan padres que los eduquen y disciplinen, que les corrijan sus malos hábitos e inclinaciones y poden sus malas tendencias."
- "Debe impresionarse a los jóvenes con la idea de que se les tiene confianza"
- "Han de restringirse cuidadosamente las malas tendencias y deben reprocharse tiernamente; ha de estimularse la mente en favor de lo correcto. Debiera animarse al niño para que logre gobernarse a sí mismo"
- "Cuando yerran los niños, los padres debieran darse tiempo para leerles tiernamente de la Palabra de Dios aquellas admoniciones que sean especialmente aplicables a su caso. Cuando son probados, tentados o desanimados, citadles las preciosas palabras de consuelo y guiadlos suavemente a depositar su confianza en Jesús."
- "Demandad obediencia en vuestra familia, pero al hacer esto, buscad al Señor con vuestros hijos y pedidle que venga y dirija. Vuestros hijos quizá hayan hecho algo que demande castigo, pero si los tratáis con el espíritu de Cristo, los brazos de ellos ceñirán vuestro cuello, se humillarán delante del Señor y reconocerán su error. Eso es suficiente."
 
Entonces, cada vez que los hijos desobedecen, tenemos que:
- Acercarnos a ellos, y señalarles su error con un lenguaje amoroso. Dominar nuestras emociones (la ira), y preocuparnos de que ellos comprendan que han herido a Dios y a sí mismos al desobedecer. Orar con ellos para que Dios tome su corazón, leerles la Palabra de Dios, para darles ánimo y motivación para cambiar. Si razonan y se arrepienten, hemos tenido éxito. Si no, debemos darle una penitencia y cuidar que se cumpla, mientras oramos para que Dios obre en el corazón de ellos. La penitencia puede consistir en:
* permanecer en un lugar donde no esté el resto de la familia por un tiempo (un minuto por año de vida del niño. Ej. 7 años: 7 minutos); sin cerrar la puerta. Puede haber una silla de penitencia.
* hacer un trabajo extra en la casa (lavar la loza, hacer todas las camas, etc.).
* Quitar algún beneficio (la hora de internet de ese día, por ejemplo).
 
Cada una de estas penitencias en relación a la edad, y por un día. En el caso de los niños pequeños, si lloran al ser puestos en su penitencia, el período de castigo empieza cuando dejan de llorar.
 
Sin embargo, primero se debe seguir el método descrito por la señora White: invitar a razonar a los niños, inducirlos al arrepentimiento. Si esto se logra, se ha ganado la victoria contra Satanás, que es quien los mantiene testarudos y obcecados en su proceder.
 
No digo que sea fácil llevar adelante este método, pero con Cristo, todo lo podemos enfrentar, ya que Él es quien nos fortalece (Filipenses 4:13). Ánimo al enfrentar este día! Nuestra recompensa nos espera más allá del sol y es nuestro Padre Celestial quien la prometió!
 

Con cariño fraterno,

Marisol Martin